Luchamos contra el Cambio Climático
En Solarig, seguimos convencidos de que aún estamos a tiempo de frenar los efectos del cambio climático en la Tierra. El cambio climático (el aumento global de las temperaturas provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero) es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. Pero también es una oportunidad.
Hoy elegimos mirar el futuro con optimismo y acción. Por eso, en Solarig apostamos por soluciones reales, no por discursos. Trabajamos cada día por una de las más transformadoras: la transición energética. A través de las energías renovables, la eficiencia, la innovación y el compromiso con las personas, impulsamos un modelo energético más limpio, justo y sostenible.
Nuestra colaboración con
Hope! Estamos a tiempo
Nuestra convicción de que aún estamos a tiempo se refleja también en nuestra colaboración con HOPE!, la docuserie que da voz a quienes ya están impulsando el cambio y promoviendo la acción climática desde distintos rincones del planeta. Junto a ellos, queremos inspirar, sensibilizar y demostrar que la transición energética no es solo necesaria, sino posible.
Soluciones que ya están regenerando los ecosistemas
Seis historias reales de recuperación ambiental en seis países
donde Solarig impulsa el cambio
Monte Abantos, (Madrid, España)
En agosto de 1999, un incendio arrasó el Monte Abantos, en San Lorenzo de El Escorial (Madrid), reduciendo a cenizas 425 hectáreas y más de 170.000 árboles. En los 26 años siguientes, gracias a un plan de restauración forestal y al esfuerzo de administraciones, técnicos y vecinos, se han replantado más de 440.000 ejemplares. Hoy, el Monte Abantos es mucho más que un bosque recuperado: es un símbolo del valor del esfuerzo colectivo y de cómo la gestión sostenible, la colaboración, la implicación y la planificación a largo plazo pueden transformar una tragedia en una historia de esperanza.

Río Tanaro (Piamonte, Italia)
En el norte de Italia, la cuenca del río Tanaro, en la región de Asti (Piamonte), ha sufrido repetidas inundaciones agravadas por lluvias extremas. Para hacer frente a esta situación, se puso en marcha un ambicioso plan de restauración del ecosistema fluvial que incluyó la re-naturalización de los márgenes, la reconexión de la llanura de inundación y la recuperación de la vegetación ribereña. Estas actuaciones han permitido mejorar la capacidad del suelo para absorber el agua, reducir la erosión y crear un paisaje más resiliente y equilibrado. Hoy, el Tanaro es un ejemplo de cómo la restauración natural y la colaboración local fortalecen la resiliencia frente a eventos climáticos extremos.

Cinturón verde en Hermosillo (Sonora, México)
En el norte de México, la ciudad de Hermosillo (Sonora) ha transformado su paisaje árido con la creación de un cinturón verde que recupera suelos degradados y mejora los servicios ecosistémicos urbanos. El proyecto combinó reacondicionamiento del suelo, diseño paisajístico participativo y la plantación de especies adaptadas a climas secos, integrando a la comunidad en el proceso. Esta intervención ha permitido reducir la erosión, mitigar el efecto de las altas temperaturas y aumentar la cobertura vegetal en zonas antes desérticas.

Barão de Mauá Natural Municipal Park (Bahía de Guanabara, Brasil)
En la Bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, el Parque Natural Municipal Barão de Mauá sufrió la pérdida de sus manglares por el aumento del nivel del mar, las tormentas más intensas y la intrusión salina. Para revertir este deterioro, se impulsó un plan de restauración ecológica que incluyó la replantación de especies nativas y la recuperación de los canales de marea. Gracias al trabajo conjunto de instituciones, científicos y comunidades locales, el ecosistema recuperó su equilibrio y su función como barrera natural frente a inundaciones y erosión costera.

Península de Notsuke (Hokkaidō, Japón)
En el norte de Japón, la península de Notsuke (Hokkaidō) ha sufrido un progresivo retroceso de su línea costera debido a la erosión, el aumento del nivel del mar y la intensificación de las tormentas. En verano se aprecian praderas marinas, mientras que en invierno se intensifica una línea de hielo que cubre la bahía. Para frenar este proceso, se implementaron proyectos de dragado, la construcción de estructuras de contención y la recuperación de playas. Notsuke muestra cómo la ingeniería y la gestión ambiental pueden actúan ante los impactos y cambios del clima.

Crédito: NASA Earth Observatory images by Wanmei Liang
Valle Alto del Biebrza (Podlaquia, Polonia)
En el noreste de Polonia, el Valle Alto del Biebrza ha sufrido los efectos del cambio climático con sequías más intensas, incendios y pérdida de hábitats húmedos. Para recuperar su equilibrio, se restauró el régimen hídrico mediante el bloqueo de drenes y la rehumectación del suelo, devolviendo al valle su capacidad natural de retener agua. Al mismo tiempo, se mantuvieron las praderas mediante siega y pastoreo para conservar su diversidad vegetal y evitar la expansión de matorrales. Estas acciones han mejorado la conectividad entre humedales, favoreciendo el retorno de aves y especies acuáticas.

